martes, 20 de febrero de 2018

QUIZÁS, UN AROMA









"Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza"

Mario Benedettí




Todo había pasado muy deprisa. De repente pensó que todo lo que realmente le importaba, sucedía siempre muy deprisa y no avisaba. Lo bueno, y lo malo. El resto del tiempo la vida parecía deslizarse por un suave y vibrante hilo de telaraña, como una bailarina hermosa que no sabe dónde va, ni tiene tiempo de aprenderlo.
Sólo a veces y un momento, se detiene; antes de detenerse nota, sin embargo, la frenada. La luz va cambiando, se hace patente su presencia. Percibe el sol en la piel, el viento le enreda el cabello. Justo después, quizás, un aroma...La hierba está verde por fin, lo que la obliga a levantar la vista. Y allí está. Todo ese horizonte tangible, aquellos árboles y aquellas piedras cada uno en su sitio. Como eran. La zarandea un momento la añoranza y esa mezcla de presente y pasado la envuelven un buen rato, que sólo fueron un segundo, aunque ella no lo sabe.
Sonrió, miró hacia el agua reposada de los charcos y encontró el cielo secuestrado y unos ojos cristalinos, deshinchados, con muchas ganas de seguir mirando todo ese mundo que tenía alrededor. Pensó, también, que no era como estar contenta, ni como salir a bailar, ni como saltar en paracaídas, ni como reírse, ni como la montaña rusa ni como un pastel de las frambuesas de la  huerta; ni siquiera como estar enamorada. Era ...otra cosa...y fuera lo que fuera, esta vez lo atraparía...
Y dejó de pensar.








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